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miércoles, 13 de mayo de 2009

INTERNET Y PRODUCTOS CULTURALES

Las descargas de música y películas se han incrementado un 500% en España, en los últimos cinco años. Este hecho ha desencadenado una persecución a la piratería, por parte de la SGAE (Sociedad General de Autores de España). Sus argumentos son que la música, películas o cualquier producto cultural obtenido a través de las redes P2P son ilegales, y con este acto se vulnera el derecho a la propiedad intelectual así como los derechos de autor. Como consecuencia, el Gobierno implanta el ‘canon digital’, que graba con una cuantía, ya establecida, los equipos y soportes electrónicos así como las copiadoras. Esta medida presupone que el uso de estos productos se va a utilizar siempre con fines no lícitos. Se paga a la SGAE por grabar en un disco compacto fotos o trabajos personales.

La Unión Europea considera Internet ‘una herramienta esencial’ para la educación y el ejercicio práctico de la libertad de expresión y el acceso a la información. El uso de La Red debe respetar los derechos fundamentales, y no debe verse mermado por ninguna sentencia judicial.

Según el estudio ‘Consumo de cultura en tiempo de crisis’, elaborado por una escuela de negocios de Noruega, desveló que los internautas que realizan descargas ilegalmente consumen diez veces más música y películas legales. Además, Internet es un gran escaparate para mostrar y promocionar la obra del artista. A mayor divulgación más beneficios obtendrá, al incrementarse su mercado potencial. Por regla general, coinciden los discos y películas más vendidos de forma legal, con los más descargados de las redes P2P.

lunes, 11 de mayo de 2009

Descargas y talento en el cine español

La llegada de Ángeles González Sinde al Ministerio de Cultura ha avivado la polémica sobre las descargas por Internet. La nueva ministra pretende sacar adelante una nueva legislación que limite y persiga a los internautas que descarguen películas y otras obras protegidas por los derechos de autor. En la actualidad, en nuestro país hay 10 millones de personas que hacen uso de las llamadas redes peer to peer (p2p) para compartir archivos. En el último año se descargaron 350 millones de películas.

El cineasta David Trueba también ha dado recientemente su visión sobre este apartado. Cree que hay muchas empresas que se están lucrando con el trabajo de otros. Pero, no obstante, también piensa que la posibilidad de acceder al cine no va a acabar con él. Según el mismo ha dicho, “con el cine no se acabó el teatro ni la con la llegada del DVD el cine”.

Es necesario que se formulen nuevas propuestas que sirvan para no desvirtuar el valor del cine. La nueva ministra insiste en la necesidad de subvenciones para el cine español. Quizá tendría que buscar la razón para la manifiesta falta de talento que muestran las producciones de nuestro país. Sería interesante revisar los ciclos educativos o didácticos y, por otro lado, trabajar para fomentar la asistencia a las salas. De esta manera, podría paliar mucho mejor la actual crisis creativa que vivimos.

Antes de continuar su cruzada, la nueva dirigente del PSOE también debería tener en cuenta que la red se ha convertido en una potente difusora de contenidos culturales. Que un gobierno socialista quiera limitar el acceso de sus ciudadanos a los diferentes ámbitos de la cultura resulta irónico. Además, crear una ley que vaya contra un número tan representativo de la población resulta poco coherente. Y además, la ley apoyaría a las grandes y pudientes majors. No caigamos en la trampa y pensemos que a las pequeñas productoras, las cuales no tienen cabida en las salas habitualmente, les afecta que el público pueda ver sus películas... aunque sea en la pantalla de un ordenador.

viernes, 8 de mayo de 2009

Ni un euro mas


En este país da gusto, da igual qué tipo de cine se haga, la subvención está ahí. Encima la argumentación con más peso es la de la imposibilidad de competir con el gran productor cinematográfico, Estados Unidos. Y digo yo, ¿qué administración norteamericana, de las que han existido desde su independencia, ha financiado su industria cinematográfica? Pero no sólo de financiación pública vive el cine español, sino del cupo en las salas españolas que se exige, sean de producción nacional.

Hasta donde yo sé, las películas de Estados Unidos se financian a través de iniciativas privadas, que es lo razonable. Si yo tuviera una empresa que no es competitiva tendría dos opciones, o mejoro mi producto o servicio y mi plan de empresa o cierro. ¿Por qué hay que dar dinero a productos poco o nada competitivos?, ¿por qué en este país está mal visto hacer cine comercial y ganar dinero?, ¿porqué no se puede producir cine para entretener y no para pasar un mal rato? ¿para qué necesito yo pagar por ver la miseria en la pantalla si puedo verla en la calle gratis y todo el tiempo?... Mientras que los cineastas sigan pensando que retratar la vida cotidiana, llenar el cerebro del público con diálogos poco o nada decorosos, sexo que ya no vende, desnudos que ya no atraen a nadie y pobreza, solo seguirán alejando al espectador de las salas. No hay imaginación para crear historias que te conmuevan, que te atrapen, que te entretengan…

La realidad es que el cine, como cualquier otro negocio, tiene que dar beneficios, es la única forma de quien tiene el dinero lo ponga sobre la mesa para un proyecto, eso sí, un proyecto en principio rentable.

No es de extrañar, que las cadenas de televisión privadas, pongan el grito en el cielo. Con la crisis que está viviendo España, la subvención por ley al cine español y forzosas para éstas, son del cinco por ciento de los beneficios de las mismas. Desde que entró en vigor esta ley se han recaudado ochocientos millones de euros “sin que por ello se haya convertido en una verdadera industria” según Silvio González (consejero delegado de Antena 3). Y es que por lo visto, las subvenciones del año pasado superaron la recaudación en taquilla. La paradoja de que la producción no deje de crecer mientras es cada vez más evidente el divorcio entre el cine y los espectadores.

Así que por favor, pequeños y medianos empresarios, pidan subvenciones al estado y así podrán tirar unos cuantos años más, y si no, echen el ojo a este sector y aprendan un poco.

El principio del fin

Las descargas ilegales están en la mira. Los derechos de autor se ven vulnerados por la violación de la propiedad intelectual, pero sobre todo los afectados son los grandes capitalistas que invierten dinero para producir y distribuir nuevos artículos culturales. La discusión si son más de lo mismo o si se da lugar a lo diferente es otra.

Hay acuerdo en que todo trabajo merece una compensación económica acorde al esfuerzo realizado, teniendo en cuenta que este último es muy difícil de cuantificar, se remunera en función del consumo social que se realiza de cada obra. El beneficio de la duda queda en cuál es el porcentaje que corresponde a cada parte. ¿Y si algunos autores no quieren distribuidores para evitar más gastos y obtener más ganancias?

“Bajarse” películas y música gratis de Internet es algo natural en la mentalidad de la gente. El debate sobre el control del intercambio de archivos Peer to peer (P2P) es inútil, va contra los derechos de los internautas y no habrá tregua al respecto. A nadie le conviene y ciertamente no a otros capitalistas como son los proveedores de la banda ancha que deberán renovarse técnica y profesionalmente.

Hay nuevamente un conflicto de intereses. ¿Quién da más? El costo final de la cultura en las tiendas es desproporcionado. El principio, la excusa de este asunto son los derechos de los creativos y los empleos que están en juego en la cadena de realización, producción y distribución. El fin, el motivo, son las inversiones de un puñado de adinerados que no quieren soltar prenda. El punto de quiebre ¿por qué existen las descargas ilegales? Porque es rápido, fácil, gratuito y legal, qué contradicción.

lunes, 4 de mayo de 2009

La nueva sala de cine

Quiero gritar gol en una pantalla gigante. Y cuando digo gigante me refiero a gigante, nada de una pantalla de 52 pulgadas, de una Bravia con HD y sonido envolvente. Quiero una pantalla de cine, una sala del Kinépolis; en otras palabras, quiero ver fútbol en el cine. Y sé que los empresarios exhibidores también quieren proyectar el Real Madrid-Barça para trescientas personas sedientas y con ganas de palomitas, hacer campeonatos de videojuegos, abrir las puertas a otros entretenimientos ahora que la película no llena la sala.

En una situación de crisis la industria tiene que renovarse o morir. Aceptar que el modelo de negocio está anticuado y experimentar nuevas fórmulas. Las infraestructuras están ahí, solo faltan pensar nuevas ideas, abrir los caminos y romper tabúes. El cine se ha solidificado en un tótem cultural que nadie puede tocar. Eso tiene que terminar, qué entren Zidane y Ronaldo y empiecen la pachanga.

El cinematógrafo, como tú, como yo, tiene que adaptarse a los nuevos tiempos. Asumir que las películas narrativas de dos horas no son el único camino, que hay otras pantallas (móvil, pc, tv, consolas...) y que esas pantallas pueden tener usos ilimitados. Esto no es la muerte del cine, es el principio de un nuevo mundo, un mundo mejor donde Messi, Kiarostami, Viola y Mario Bros se dan la mano. Solo falta esperar a que se abra el telón y empiece la sorpesa.